27 de septiembre de 2018

Durante cuatro años las calles de la Ciudad de México han visto salir a miles de personas que exigen la devolución con vida de los 43 estudiantes que fueron desaparecidos forzadamente la noche del 26 de septiembre de 2014, cuando policías municipales en complicidad con elementos del ejército mexicano atacaron los autobuses en los que se movilizaban, como lo demostró el Informe Ayotzinapa II del Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, quien tras el análisis de actas e informes oficiales en el capítulo títulado “Actuaciones” (página 89) describe la participación y actividades que tuvieron las diferentes corporaciones encargadas de la seguridad.

Mantas, pintas, performances, canciones, gritos y las consignas tradicionales, expresiones que toman nuevamente Paseo de la Reforma, es Ayotzinapa el punto de confluencia pero los casos por los que se exige justicia se multiplican, en especial las desaparecidas: “No estamos todas, nos faltan 43”, cantan en una adaptación de La Llorona. Las edades en el que las desapariciones de mujeres son mayores que las de los hombres es de los 10 a 19 años, particularmente las desapariciones en niñas de 10 a 14 años son casi el doble que las de los hombres en la misma edad.

Mientras la marcha avanza el aguacero arrecía, quien llevó su paraguas lo comparte con quien quepa, el señor que vende hules a modo de impermeables grita de a 10, de a 10 mientras atiende a la clientela que se arremolina ansiosa y también algunos contingentes se arropan bajo las lonas que llevaron con frases de protesta o el nombre de su organización: “Ni la lluvia, ni el viento, apaga al movimiento”, pero por un momento los gritos dejan de escucharse.

Sin embargo, el fenómeno de la desaparición forzada es una práctica que el Estado Mexicano utiliza para acallar voces disidentes, el primer caso en la historia moderna del país fue el del profesor Epifanio Avilés Rojas, en 1969, desde esa fecha y durante el período conocido como la Guerra Sucia hubo 561 casos, de acuerdo con el recuento que realiza la organización de familiares H.I.J.O.S., México, quien apunta que al igual que con los casos actuales, el común denominador es la impunidad que prevalece hacia los responsables de todos niveles, incluidos los autores materiales pero también los intelectuales.

La indignación por la desaparición forzada de los normalistas tuvo un gran impactó pues obligó al gobierno a dejar de utilizarla como una práctica generalizada contra personas que defienden derechos humanos y periodistas, después de 2014 la tendencia cambió y fue a la baja, según el informe que realizó el Comité Cerezo.

Pero en población civil las desapariciones a manos de particulares escalaron, tanto en el sexenio de Calderón como en el actual de Enrique Peña Nieto, el comportamiento fue similar: cuando asumieron el poder las cifras eran bajas, a medida que avanzó su mandato fue escalando para volver a decrecer al fin del mismo, cuando inicia el proceso electoral.

Colectivos vecinales, estudiantes (la gran mayoría), sindicatos e incluso organizaciones de la sociedad civil como Amnistía Internacional acompañaron una vez más a las familias de los 43. Al final de la movilización, y en el templete frente a Palacio Nacional, donde se lleva a cabo el mitín de cierre, ellas agradecen esta muestra de solidaridad, hacen el recuento de los agravios cometidos por el gobierno de EPN, la infamia nombrada como verdad histórica,  pero también comunican, esperanzadas, las promesa que les dio el nuevo presidente de crear una Comisión Investigadora.

Las tortugas son el símbolo de la normal de Ayotzinapa, su figura asoma en la mayoría de las mantas, pero una en especial sentencia: “Salvaremos a las tortugas de este mar de olvido”, y todo apunta a que lo están logrando.

Créditos:

Diseño de la información y fotografías: Rocío Arias Puga | Texto: Gisela Martínez

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